miércoles 16 de diciembre de 2009

Momentos congelados de una tarde de invierno


Hoy el trabajo ha sido algo… agradable y triste a la vez, el frio siempre me ha gustado más que el calor, me inspira confianza, y bueno la soledad de las calles hace que nos veamos muchas veces y por muy irónico que suene.. acompañados. No hay mejor forma de acompañar a alguien que aquella en la que él no sabe que en ese momento estamos pensando en la última vez que he estado con esa persona, en la última sonrisa que te ha dedicado, la última vez que te apretó fuerte las manos, en el último beso o en su último abrazo. ¿Por qué esto es así?... bueno en parte, porque es algo que compartes contigo mismo, y si eres capaz de recordarlo en la más profunda soledad, es porque solo esa persona es quien realmente te hace compañía, con quien te sientes seguro en la calle mas deshabitada, en la noche más fría, y en la peor de tus semanas.

Cuando alguien a mi alrededor pasa unos días amargos, busco esperanza y milagros, la desesperación en mi caso me gana, y me quedo sin recursos que inventar para arrancarle una sonrisa, aunque sea por una bobada. Y a veces soy torpe, y a veces soy en exceso optimista, y a veces no soy nada más que un tonto que no sabe qué hacer para cambiar el destino. Cuando te fijas como otra persona hace eso contigo… ves la entereza que pone en todo y con un simple abrazo te transmite su presencia, te das cuenta de que quizás antes yo no lo había hecho tan mal y haya conseguido arrancar de verdad una sonrisa en el rostro de alguien, porque a mi estos días me han arrancado millones de ellas.

Hoy cuando he salido me ha entrado un escalofrío en el cuerpo, el termómetro es el culpable y algún que otro copo de nieve me ha caído en el hombro, entonces enfadado por el frio le he dado una patada a una pequeña piedra de alquitrán de esas que se desprenden de un pedazo de asfalto mal puesto.. y con la mala suerte de que la china ha ido a parar al cristal de un coche.. pero sin efectos secundarios.. entonces he empezado a reírme ,solo. He desarrollado cierta personalidad ambigua no muy propia de mi, rio cuando no pienso en ello y lloro cuando me imagino al tiempo ganarme la partida.

No ha sido la china la que me ha hecho reír, en ese momento pensaba en lo feliz que soy cuando te veo, y la pequeña china se convirtió en pretexto para sonreír un poco.

Las palabras con frecuencia se me van agotando e intento buscar sinónimos no conocidos, personalizar adverbios y darte te quieros en palabras ocultas tras un poema.
He pasado de cuestionar las mentiras periodísticas que azotan al mundo, la pobreza de aquellos que olvidamos , a cuestionar mi propio estado, a analizar mis sentimientos, a desgranar los segundos que paso contigo, a poner en pie en palabras la riqueza de tenerte y lo feliz que soy por mirar tus ojos en la cercanía de la noche, bajo el frio de las estrellas de Diciembre o en el calor de una cafetería con la única barrera entre nosotros de una pequeña taza de café y un cajetín de servilletas.

El frio hiela hoy mis manos, pero la nieve mañana congelará tu imágen, la mantendrá en mi retina y la música que suena será la melodía que acompañe la visión de todo lo que me das a diario, aquello que me hace sonreír al pensar en ti cuando le doy una patada a una china. Congelaré las emociones dentro de mí para que solo puedan derretirse en mi corazón, y haré que sigas siendo el centro de gravedad cada vez que me giro, dando vueltas sobre mi mismo para ver tu rostro y nunca más sentirnos solos.

Te espero en la esquina llena de flores…el lugar donde la primera de mis sonrisas se materializan al verte llegar, donde un te quiero surge en mi mente sin pronunciarlo cuando me siento a tu lado. Aquella donde esbozo una leve sonrisa tristona cuando tengo que decir hasta mañana… y el te quiero surge de mi boca en silencio, bajito, una mueca que adivinas cuando te miro a través del cristal y muevo los labios, y es entonces cuando me siento el hombre más afortunado de la tierra, porque solo tú eres capaz de adivinar eso...solo tu eres capaz de mantener la temperatura cuando se me hielan las manos en una fría tarde de invierno.

Me sobran motivos, pero me faltas tú sobre la cama. Y ahora las calles están llenas de bandidos cuando necesito de tu madrugada...