Me prometí no dejar de escribirte nunca, y desde que te dije por primera vez te quiero he intentado superarme en cada una de mis palabras, en intentar decirte lo importante que eres para mi con la misma intensidad de aquel primer te quiero, que estoy seguro de que no olvidaré nunca.
A veces como un niño pequeño juego con la plastilina… si, es algo que siempre me ha gustado, y hay muchas pequeñas cosas como esta que aún no sabes y que poco a poco irás descubriendo. Quizás por vergüenza, quizás porque me gusta ensuciarme las manos con algo tan inofensivo como un pedazo de plastilina. Fue una costumbre que adquirí durante mi periplo en EEUU, allí las hay de todos los colores y formas, de todas las texturas y tamaños y muchas veces compraba tabletas de distintos colores que ni siquiera usaba, otras las abría y me dedicaba a hacer pequeñas figuras y formas que me encantaba pegar en las paredes.
Aún sigo conservando la plastilina de aquellos días, y hay veces que intento hacer figuras, y más de una vez he intentado hacerte algo, pero la vergüenza me ha podido, y al final siempre lo he dejado a medias.
Cuando me ponía a estudiar cerca de aquella ventana, adquirí la costumbre de apretar fuerte con la mano izquierda un pedazo de plastilina mientras memorizaba todos aquellos folios, y así me daban las 2 y las 3 de la madrugada. Muchas veces las ponía sobre un pequeño radiador mientras me levantaba a por un vaso de leche (fue ahí donde comenzó mi adicción a la leche por la noche) , y cuando regresaba a mi escritorio la plastilina estaba ya casi derretida, entonces cogía otro pedazo y volvía a comenzar a hacer lo mismo.
A veces pienso en levantarme de noche a beber un vaso de leche y volver a la cama con dos, o en ver una película a altas horas de la noche abrazando un pedazo de ti y no de plastilina. Moldear con mis manos las tuyas sin intentar hacer figuras, sintiendo tu tacto, el mismo que me sostiene a lo largo del más duro día, y llenar las paredes con los colores de tus fotos.
Hoy he vuelto a acordarme de ti, y como de costumbre he decidido ponerme a escribir. Decirte demasiadas veces te quiero sería hacer que te acostumbrases a esa palabra; quiero decirte cada día cuanto me importas de una forma diferente, quiero que te sorprendas siempre como la primera vez.
Dicen que las personas inteligentes son capaces de simplificar lo complejo; los tontos, en cambio, suelen complicar lo sencillo; entonces no sabría como calificarme tras lo que he escrito, te he contado mi adicción a la plastilina y como siempre lo he relacionado contigo (esto sería de tontos), pero a la vez he resumido lo que siento por ti en un trozo de plastilina (¿inteligente?), me quedo a medias, ya sabes que nunca me gustó destacar y te dejo a ti la inteligencia de poder darte cuenta que tras esta historia aparentemente simple que he escrito se esconde algo mucho mayor, que eres tu.
A veces las pequeñas cosas son las que nos han hecho compañía muchas noches cuando estamos solos, con el tiempo las grandes son las que nos hacen felices… pero haré que nunca olvides esas pequeñas cosas para realmente poder hacerte felíz.
A veces como un niño pequeño juego con la plastilina… si, es algo que siempre me ha gustado, y hay muchas pequeñas cosas como esta que aún no sabes y que poco a poco irás descubriendo. Quizás por vergüenza, quizás porque me gusta ensuciarme las manos con algo tan inofensivo como un pedazo de plastilina. Fue una costumbre que adquirí durante mi periplo en EEUU, allí las hay de todos los colores y formas, de todas las texturas y tamaños y muchas veces compraba tabletas de distintos colores que ni siquiera usaba, otras las abría y me dedicaba a hacer pequeñas figuras y formas que me encantaba pegar en las paredes.
Aún sigo conservando la plastilina de aquellos días, y hay veces que intento hacer figuras, y más de una vez he intentado hacerte algo, pero la vergüenza me ha podido, y al final siempre lo he dejado a medias.
Cuando me ponía a estudiar cerca de aquella ventana, adquirí la costumbre de apretar fuerte con la mano izquierda un pedazo de plastilina mientras memorizaba todos aquellos folios, y así me daban las 2 y las 3 de la madrugada. Muchas veces las ponía sobre un pequeño radiador mientras me levantaba a por un vaso de leche (fue ahí donde comenzó mi adicción a la leche por la noche) , y cuando regresaba a mi escritorio la plastilina estaba ya casi derretida, entonces cogía otro pedazo y volvía a comenzar a hacer lo mismo.
A veces pienso en levantarme de noche a beber un vaso de leche y volver a la cama con dos, o en ver una película a altas horas de la noche abrazando un pedazo de ti y no de plastilina. Moldear con mis manos las tuyas sin intentar hacer figuras, sintiendo tu tacto, el mismo que me sostiene a lo largo del más duro día, y llenar las paredes con los colores de tus fotos.
Hoy he vuelto a acordarme de ti, y como de costumbre he decidido ponerme a escribir. Decirte demasiadas veces te quiero sería hacer que te acostumbrases a esa palabra; quiero decirte cada día cuanto me importas de una forma diferente, quiero que te sorprendas siempre como la primera vez.
Dicen que las personas inteligentes son capaces de simplificar lo complejo; los tontos, en cambio, suelen complicar lo sencillo; entonces no sabría como calificarme tras lo que he escrito, te he contado mi adicción a la plastilina y como siempre lo he relacionado contigo (esto sería de tontos), pero a la vez he resumido lo que siento por ti en un trozo de plastilina (¿inteligente?), me quedo a medias, ya sabes que nunca me gustó destacar y te dejo a ti la inteligencia de poder darte cuenta que tras esta historia aparentemente simple que he escrito se esconde algo mucho mayor, que eres tu.
A veces las pequeñas cosas son las que nos han hecho compañía muchas noches cuando estamos solos, con el tiempo las grandes son las que nos hacen felices… pero haré que nunca olvides esas pequeñas cosas para realmente poder hacerte felíz.


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